Expertos denuncian en el Congreso de EE.UU. que el régimen chino está secuenciando ADN de creyentes para la sustracción forzada de órganos

En el marco de la Comisión Ejecutiva del Congreso de los Estados Unidos sobre China (CECC), el Comité ha sido testigo recientemente de impactantes testimonios sobre la sustracción forzada de órganos a miembros de la minoría étnica uigur y de la disciplina espiritual Falun Gong en China, un tema delicado que ya ha sido tratado en otras oportunidades entre los representantes.

El presidente de la Comisión, el congresista Chris Smith, ha investigado esta cuestión durante años y está firmemente convencido de las graves violaciones de los derechos humanos en China.

En la audiencia llevada a cabo a finales de marzo, Smith comparó estas atrocidades con los horrores del siglo XX perpetrados por distintos regímenes totalitarios, declarando que «la sustracción forzada de órganos a escala industrial en China es una atrocidad incomparable por su maldad; hay que remontarse a los horribles crímenes cometidos en el siglo XX por Hitler, Stalin, Mao o Pol Pot para encontrar atrocidades sistémicas comparables». Y agregó: “El número de ejecutados o de sus órganos (algunos incluso antes de sufrir muerte cerebral) es asombroso”.

Declaraciones relevantes en la audiencia

Ethan Gutmann – Investigador de la Fundación Conmemorativa de las Víctimas del Comunismo y escritor experto en sustracción forzada de órganos

El destacado autor señaló que se están extrayendo órganos de uigures jóvenes y sanos prisioneros de campos de concentración, para satisfacer la demanda proveniente de Medio Oriente. Según Gutmann, «Bajo el supuesto de que los turistas de órganos de los estados del Golfo prefieren donantes musulmanes que no comen carne de cerdo, [China] ha tratado de sacar provecho del cambio de fuentes de Falun Gong a fuentes uigures«.

Gutmann es autor del libro “La matanza”, que habla sobre la sustracción forzada de órganos en China. Habiendo investigado durante años el tema, el experto aseguró que inicialmente se utilizaba principalmente a practicantes de la disciplina espiritual de la Escuela Buda, Falun Gong, por su buena condición física. La pacífica práctica fue difamada y prohibida por el régimen chino en 1999, y desde entonces es brutalmente perseguida hasta la actualidad. Casi en paralelo con el inicio de la persecución, es que se registró el crecimiento exponencial del mercado de trasplante de órganos en China.

Pero alrededor de 2017, según cuenta el experto, el Partido Comunista Chino (PCCh) también comenzó a obtener órganos de uigures y otros musulmanes en Xinjiang para abastecer a pacientes de la misma etnia.

El investigador dijo además que había un “desafío logístico” para mantener los órganos viables al cambiar de practicantes de Falun Gong en áreas costeras densamente pobladas de China, a uigures ubicados a unos 4.000 kilómetros al oeste en Xinjiang.

Para resolver ese problema, el personal médico comenzó a utilizar “máquinas ECMO” portátiles, que pueden oxigenar a una persona incapacitada y sus órganos durante horas, explicó Gutmann. Eso les permite mantener a los uigures en un estado de “animación suspendida” con muerte cerebral durante el tiempo suficiente para ser transportados al Este para trasplantes a clientes extranjeros que pagaban.

También dijo que las máquinas permiten a los cirujanos «extraer hasta cuatro órganos sanos de una sola persona» en lugar de sólo uno, «convirtiendo a una persona de 100.000 dólares en medio millón o más».

Dra. Maya Mitalipova –Directora del Laboratorio de Células Madre Humanas del Instituto Whitehead de Investigación Biomédica del Instituto Tecnológico de Massachusetts

Ella es uigur y afirmó que el gobierno chino ha creado la base de datos de ADN más grande del mundo, habiendo secuenciado la información genética de 15 millones de personas de las poblaciones indígenas del Tíbet y Xinjiang, donde viven la mayoría de los uigures y otros pueblos turcos de China.

La doctora estima que la creación de esa base de datos habría costado entre 1.000 y 2.000 millones de dólares, una suma demasiado grande, que según explicó, permite al gobierno chino seleccionar rápidamente a los donantes de órganos.

“Cuando un paciente solicita un órgano en China, sus datos secuenciados de ADN serán «comparados» con millones en la base de datos de ADN almacenada en las computadoras. En unos minutos se encontrará la combinación perfecta. Si un donante potencial de órganos no está en prisión o en un campo, entonces las autoridades chinas pueden encontrar fácilmente una razón para detener a un donante compatible y matarlo por sus órganos si así lo solicita.

Esta es la razón principal por la que el gobierno chino invirtió miles de millones de dólares en la secuenciación del ADN de toda la población de Xinjiang y el Tíbet. Porque generará exponencialmente muchos más miles de millones de dólares al año a cambio”.

A pesar de que China alega haber prohibido formalmente la extracción de órganos de prisioneros en 2015 y que ahora todos los trasplantes involucran únicamente a voluntarios,  la evidencia obtenida por comités internacionales que han investigado el tema en profundidad, los testigos y las declaraciones de personas arrepentidas que participaron en la industria más cruel y perversa del mundo, hacen poco creíble las alegaciones del PCCh.

Un crimen atroz dirigido a gente buena e inocente

Existen pruebas contundentes de una historia espantosa de mutilación y asesinato en China. Informes de testigos y médicos chinos revelan que miles de practicantes de Falun Dafa han sido víctimas de la sustracción forzada de órganos, los cuales son vendidos a precios exorbitantes en el mercado de trasplantes.

Los perpetradores de estos crímenes son funcionarios del Partido Comunista Chino, quienes colaboran con cirujanos, autoridades penitenciarias y oficiales del ejército. Las víctimas son detenidas en campos de concentración antes de que les extraigan sus órganos, y luego sus cuerpos son incinerados de inmediato.

Esta historia, casi demasiado horrorosa para creer, fue revelada por primera vez en marzo de 2006, cuando una mujer denunció que alrededor de 4000 practicantes de Falun Gong habían sido asesinados por sus órganos en el hospital donde trabajaba. Su esposo, cirujano en el mismo hospital en las afueras de la ciudad de Shenyang, le confesó que había extraído córneas de unos 2000 practicantes de Falun Gong aún vivos.

Poco después, un médico militar chino confirmó estas atrocidades, indicando que se llevaban a cabo en 36 campos de concentración en todo el país. Estos campos, según él, retenían hasta 120 mil personas, y él mismo había sido testigo del transporte masivo de practicantes de Falun Gong en trenes de carga durante la noche y bajo fuerte seguridad.

Conmovidos por estos informes, dos destacados abogados de derechos humanos canadienses, David Kilgour y David Matas, realizaron su propia investigación y publicaron un informe en julio de 2006 confirmando las denuncias. Concluyeron que un gran número de órganos trasplantados en China no podían haber sido obtenidos de donantes voluntarios o prisioneros ejecutados.

Los funcionarios del Partido Comunista Chino han intentado destruir la evidencia y han promulgado legislaciones que prohíben el uso de órganos sin consentimiento. Sin embargo, estas medidas parecen haber tenido poco efecto, lo que lleva a sospechar que fueron meramente un intento de tranquilizar a la opinión pública internacional.

El Comité para Investigar la Persecución a Falun Gong (CIPFG), junto con otros investigadores, han liderado la lucha para exponer estas atrocidades y poner fin a la sustracción forzada de órganos.

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